Volvamos a los cumpleaños de antaño



Partimos intentando emanar la simpleza, hasta llegar a hilar cada vez más fino. Una cosa lleva a la otra y nos vamos enredando hasta crear una fiesta deslumbrante. Maratones incansables de compra, estrés y una lista de invitados donde hay más adultos que niños. Mi pregunta es: ¿Vale la pena? Recuerdo aquellos cumpleaños en donde la protagonista era nuestra torta y las velitas que representaban nuestros añitos. Un par de amiguitos del colegio, un par de primitos, abuelos y papitos. !y ya está! Una mamá que disfrutaba de la fiesta, pues sinceramente la podría haber organizado ese mismo día, como una  junta común y corriente, y como una linda reunión en donde el centro de atención era el/la cumpleañero/a y no la fiesta.  Tampoco la comida, o si había recreacionistas, o qué tipo de sorpresas y empaque ocuparíamos. No importaba la lista de la música, menos qué pensaran de nuestra fiesta, ni cómo se vería ante los ojos de los invitados. Tampoco teníamos un horario para soplar las velitas, ni para la hora del pintacaritas, o si era tiempo de jugar o había que seguir el horario.  !No! Todo era tan espontáneo, seguíamos la maravilla del juego libre y disfrutábamos si teníamos una pelota para jugar. Si no, nos inventábamos lo que fuera. Porque lo más lindo de la infancia es eso; el juego libre de presiones y de estigmas. Me da una frustración enorme ver cumpleaños de niños que hoy parecen verdaderos matrimonios, de presupuestos miedosos, que sólo cohiben más la espontaneidad del verdadero juego y les rayamos una cancha que no es necesaria. Mamás, volvamos a los cumpleaños de antes. Volvamos a la simpleza, a que si están tímidos no sea una desilusión tremenda para nosotros, por "todo lo que hicimos por ese cumpleaños". Los cansados somos nosotros, no ellos, por haber organizado algo que ni siquiera, y muchas veces, necesitaban. Abramos nuestros corazones a darles más importancia a aquello que amerita. A ellos no les importan las servilletas, ni el color de los vasos, ni la decoración en los cupcakes. Ellos sólo quieren disfrutar su día con NOSOTROS y no por NOSOTROS. Hago un verdadero llamado a la reflexión, a volvernos a remontar a aquellos eventos tan simples, pero a la vez, tan llenos de vida y amor. Yo me lo propuse, y esta vez !si lo cumplo! Carolina Jadue Zaror

Mamá de Amalia y Valeria

Periodista

caritojadue@gmail.com

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