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Relato de una mamá migrante

Actualizado: 5 de nov de 2019



¿Hogar? Lo que muchos dicen que se lleva en el alma, el amor del núcleo y no del espacio físico como tal.


Pero qué conlleva un cambio de hogar, ¿cómo vivimos ese proceso como familia, como madres, como grupo familiar?


Como mamá de dos pequeñas de cuatro y seis años, lo viví como un torbellino de emociones que iban de la mano unas con otras y que fueron imposibles de entender hasta que “aterrizamos”.


Pienso que el tiempo con el que contamos antes de partir, condiciona en gran medida cómo vamos a vivir esta despedida. En mi caso, tuve que reorganizarme en ocho meses. En ese tiempo, desarmé una hermosa casa de campo, y cada objeto de la casa, cada espacio, tuvo un funeral y un luto. A medida que se iban vendiendo, se llevaban parte de una historia que como matrimonio fuimos construyendo.


Pero dejando de lado la casa propiamente tal, es el miedo que nos surge de que ellos abandonen cada rincón de ella en el que guardaron historias, anécdotas, complicidades y mil y una forma de sentirse seguros, es un abismo gigante y una montaña de incertidumbres, que después de un tiempo decantan, que después de un tiempo logramos entender, situarlas y contextualizarlas en un presente que no acepta miradas atrás.


Es un proceso infinito, una experiencia tremenda, es cargar (en mi caso) con seis maletas de ropa y una llena de peluches dispuestos a acompañar a mis pequeñas en nuestro día del viaje, cada uno con mochila a cuesta, y el corazón no más que dispuesto a cuidar y contener las emociones de unos seres aún incapaces de dimensionar lo que estaban dejando atrás.


Creo firmemente que el amor de familia con todo ese proceso se amplifica en un mil por ciento, somos conscientes y testigos de un cambio tan profundo que no se vive sino en la absoluta complicidad de familia. Y eso nos hace más grandes y más unidos.


Nosotros ya tenemos un nuevo hogar hace cuatro meses, una rutina que más o menos no varía de la anterior, pues sigo siendo mamá en todas las versiones y con todo el tiempo a favor. Cada pasito que damos, lo damos juntos. Tenemos ya lugares favoritos, amiguitos nuevos en el colegio y la casa se siente cada día más nuestra.


Si hay alguna mamá que me esté leyendo y que todo este proceso esté en sus planes, o que estén viviendo lo mismo que yo, o ya lo vivieron, para ellas sólo me permito palabras de admiración y valentía, porque requiere de mucho coraje abandonar nuestra tierra.


Carolina Jadue Zaror

Periodista

caritojadue@gmail.com


Nota de Universo de Familias: Gracias Carolina por poner tu corazón en compartir tus palabras, tu vivencia y la de tu familia en este bello relato, que tus palabras, admiración y deseos de valentía para quienes viven la migración sean refugio y fuerza para muchos.